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07 SACANDO A LA LUZ. MUJERES EN EL ANONIMATO DE LA HISTORIA: LIVIA DRUSILA

A pesar de que las estructuras patriarcales fueron la columna vertebral de la civilización romana desde su nacimiento hasta su desaparición, pocos pueblos de la Antigüedad concedieron a la mujer tantos derechos y libertades como hizo Roma. Frente a una mujer ateniense recluida en casa y dominada en todas las facetas de su vida al varón, la mujer romana siempre gozó de una cierta independencia respecto al esposo, especialmente si procedía de una familia acaudalada. Las mujeres que aportaban una dote cuantiosa al matrimonio gozaban de una especial independencia, pues en caso de divorcio esa parte del patrimonio común regresaba íntegro a ella. Como ocurría en otras sociedades, las viudas eran las que disfrutaban de una mayor libertad, pues controlaban su propio patrimonio y no dependían de ningún hombre más allá de la autoridad que sus hijos varones trataran de ejercer sobre ellas.

Naturalmente, estos esquemas sólo se aplicaban a las mujeres de las clases altas, las hijas y esposas de los grandes senadores y caballeros. Por desgracia, sabemos muy poco de las mujeres de las clases bajas, ya que las fuentes literarias las ignoran casi por sistema. Es muy probable que su vida fuera incluso más miserable y difícil que las que llevaban los hombres de su misma condición social.

Algunas mujeres consiguieron elevarse por encima de sus contemporáneos, alzarse en un mundo dominado por los hombres y convertirse en piezas fundamentales de la política, las artes o la ciencia de su tiempo. En esta lista recogemos a las diez mujeres que, desde nuestro punto de vista, marcaron de un modo u otro el devenir histórico de Roma, y sin las cuales su mundo, y en consecuencia el nuestro, no habría sido el mismo.

LIVIA

La mujer a cuya sombra se pusieron las bases de la época imperial. Livia Drusa, hija de un senador republicano que se suicidó tras la batalla de Filipos, se casó con el joven César Octaviano, que antes de ella ya había tenido otras dos mujeres. Livia aportó al matrimonio dos hijos habidos de un enlace anterior: el futuro emperador Tiberio, y Druso, padre del futuro emperador Claudio. Durante el tiempo en el que Octaviano,ya con el nombre de Augusto, gobernó Roma, Livia jugó un papel esencial en la construcción del poder del princeps. Siempre se comportó como el ejemplo de la perfecta matrona, la encarnación de todas las virtudes femeninas que su esposa pretendía inculcar en todas las aristócratas romanas.

Livia, sin embargo, ha pasado a la historia por su faceta manipuladora y ambiciosa, debido a la inquina que los historiadores Tácito y Suetonio, que vivieron mucho después de su muerte, demostraron contra ella. Según esta tradición, Livia maquinó mil y una perfidias para asegurar que su hijo Tiberio fuera proclamado heredero al trono imperial, llegando incluso a provocar la muerte de varios miembros de su propia familia. Augusto siempre confió en su esposa, por lo que muchos han visto en él un hombre manipulado por Livia.

Tras la muerte de su esposo y la llegada al trono de Tiberio, Livia trató de ejercer su influencia en su hijo, pero éste desarrolló una gran inquina hacia su madre, y la apartó de cualquier toma de decisiones. Livia murió con la seguridad de que su propia sangre, y no sólo la de Augusto, se perpetuaba en el trono imperial. En época de su nieto Claudio fue deificada como Diva Augusta, y como tal se la rindió culto durante siglos.

Pérfida mujer o matrona ejemplar, ninguna como Livia consiguió elevarse sobre las limitaciones impuestas a su sexo para erigirse como una pieza fundamental en la vida política de su tiempo, hasta el punto de que si consideramos a Augusto el padre del Imperio, en justa correspondencia habría que considerar a Livia como su madre.

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https://www.lavanguardia.com/historiayvida/historia-antigua/20200313/474087848150/livia-drusila-roma-octavio-augusto-tiberio.html

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